Fantasías paranoicas

Ξ March 29th, 2008 | → 16 Comments | ∇ Potadero |

jesusgun

Editorial

Por qué una cosa que empieza teniendo mucha gracia acaba no teniendo ninguna? esa es una de las cosas que no entiendo y que me preocupa.

Sin embargo hay otras cosas que siguen teniendo gracia siempre y tampoco entiendo por qué.

Las pajas, por ejemplo. Mira qué cosa más tonta, qué pinta más ridícula debe uno tener cascándose una paja. Y sin embargo allá están para defender la paja todas las gallardas que se han cascado catedráticos y filósofos, y militares y feriantes. Junto con las que te habrás cascado tú, claro está, no quiero desmerecer.

No es verdad eso que dicen algunos romanticones de que la primera paja es la mejor, la que se recuerda con más cariño. Yo al menos no la cambiaría por la próxima.

35000 farolillos

Se ve que el año pasado se pasaron con el portuncho ese con demasiadas luces que ponen en la feria de abril, poniéndole, efectivamente, demasiadas luces, provocando el consabido efecto de portal dimensional à la Stargate.

El portal feriabrilenco venía a dar directamente sobre todo lo que vendría siendo un bujero negro y alrededores.

Al entrar, el gradiente gravitatorio era tan grande que arrancaba la carne y la separaba a puñaos de los huesos, provocando muertes horrendas y gradualmente desagradables.

En lo que sería el jano del super bujero negro, allí había un infierno igualico al de esa nave que al parecer estaba estropeada porque llevaba un infierno dentro.

Desde dentro del portal se oye como gritan un trillón de gargantas alienígenas tratando de escapar, pero desde afuera se hacía indistinguible. Sólo se oía un contínuung, un ruido blanco, como una cascada en lontananza, o como el meter gol de un hipotético estadio de cricket basura.

El proceso es sencillo: el ruidaco atrae a los curiosos, que se acercan diciendo “Ahí adentro hay un jaleo formidable, diríase como un trillón de gargantas. Vamos a ver qué pasa.” Apenas franqueado el umbral, ya pasaba todo aquello de gradiente que arranca la carne a puñaos.

Cosas que no hay que decir jamás en una galería de arte.

  • “A mí los cuadros que más me gustan son los del Art Attack.”

  • “Esto lo pinta un niño de cuatro años.”

  • “Esto lo pinta un equipo de niños de cuatro años.”

  • “Me da la impresión de que esto es una tomadura de pelo.”

Diez cosas desconocidas acerca del Hombre Araña

  • Lo que nadie sabía de Spiderman es que no le picó una araña, sino un caracol radiactivo. De noche, cuando nadie le ve, se desprende de su exoesqueleto de látex y se hace un ovillo en un rincón de su habitación, mientras segrega un moco que le protege de la sequedad ambiental.

  • Lo que nadie sabe de Spiderman es que en realidad segrega la seda por el culo, como es natural en las arañas. Oculta este hecho porque el balanceo de edificio en edificio pierde gracilidad y acaba dandose calabazadas por las esquinas y no es plan.

  • Lo que nadie sabía acerca de Spiderman es que la supuesta mala suerte resultado de su relación con Gata Negra procedía en realidad del mal de ojo de la kioskera.

  • Spiderman en realidad es un pequeño niño de Alejandría que nunca ha probado el turrón de Jijona. Desconsolado, vaga por toda Europa murmurando oscuras maldiciones levíticas. Pronto, desarrolla una pasión desmedida por el ballet y la escultura improvisada y triunfa como artista conceptual en Laredo. No llega a exceler en el mundo del crimen porque no hay tiempo, se le acaba la vida, ha de morir.

  • Al echar la vista atrás y hacer un rápido repaso de su vida, Spiderman cree vivir un extraño sueño. Todo se le antoja futil y sin sustancia. Nota como la angustia adolescente es como un dolmen rarote que proyecta su sombra mucho más allá del final de su adolescencia disfuncional.

  • Enganchado como una garrapata a la fría piel de acero y metal de los rascacielos del capitalismo, Spiderman cree por un instante ser el nuevo Kropotkin que guiará al pueblo de Manhattan hasta un paraíso protocomunista en la Península del Labrador

  • Perfectamente absurdo, Spiderman cuelga cabeza abajo de su milagrosa telaraña mientras tiene repetidas y violentas crisis de realidad. Siendo él mismo un arácnido no puede evitar contemplar a los seres humanos como insectos especializados, y por doquier ve hormigas y avispas carnívoras y chicharras y pulgones. Sabe que no puede explicarle esto al psiquiatra porque el psiquiatra es él mismo una garrapata, que es un arácnido pero no se gana mucho con eso.

Sabes que?

Sabes, si un día se te va la olla a camboya nos va a costar un montón darnos cuenta.

 

 

 

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